Adoro sus corazonadas, para qué lo voy a negar, son tremendamente útiles. Advirtieron, a tiempo, el extravío de Carmen en la playa y una grave infección de Pillo. A veces pienso que sería capaz de encontrar, perdida, a un ser querido lejano; como esos perros que localizan a sus amos cruzando un continente.
Me he moderado. No creo haberle dicho que la quiero más de treinta veces, tirando largo, y algunas por teléfono. Los hombres blandos pasaron a la historia. Ella tardó más pero también lo ha dicho; incluso sin venir a cuento. Pero claro, es un sinvivir estar pendiente de la intuición de su corazón; como tener un examen diario. Estoy seguro que conseguiré sobrevivir con sus recuerdos, unos tres días, el día que me deje, antes de caer en barrena. He cargado los depósitos y disfruto de cierta autonomía.
La interrogué, a efectos periodísticos, sobre sus más secretos anhelos afectivos y divagó. Enumeró sensaciones, estados de ánimo y sutilezas hasta llegar a mencionar el diálogo sincero. Para contentarla, se me ocurrió narrarle algún desengaño amoroso. Me tachó de papanatas y se rió de mí. No caeré en la trampa nunca más. Desde entonces soy el héroe en todas las aventuras que recuerdo. Frío, calculador y despiadado. El destino me teme porque me río de él y todas las amantes de mi vida, a las que abandoné, suspiran por mi regreso.
Ya me había encontrado con una mujer que nunca había sido rechazada. Pero nunca con una que no hubiese sufrido de mal de amores. Claro, no conseguiría entender que uno hubiese malgastado media vida en estos menesteres; por muy poético que pudiese resultar.
Así pues, todavía conservo tres insignificantes secretos: la historia de mi vida, lo que no he escrito de ella y lo mucho que la amo. No estoy dispuesto a enseñar todas mis cartas, llevo demasiadas millas recorridas y sé lo que me digo.
Desde que desayunamos con Ángela, mi padre me mira con otra cara. Me da palmaditas en la espalda y me llama campeón. Mi madre insiste en que no me olvide de mis errores pasados. Dice que es mi última oportunidad.
Corro cerca por el paseo marítimo. Hay mucho más ambiente que por la Carretera de las Aguas. Ahora que no necesito distracciones, el pelo y la piel más suaves, Pillo y, sobre todo, el semáforo en rojo de mi frente, atraen alguna que otra mirada femenina. ¡Qué mal repartido está todo! Si algún windsurfista, amigo de Ángela, me pregunta por qué no navego, y ella está en el agua, le explico las múltiples lesiones que me atormentan. Ya tendré tiempo de aprender en alguna playa desierta.
Desde mi insolente desprecio a su cabellera, le repetí día sí día también lo mucho que me encantaba su pelo. Antes de acabar enero, ya se había hecho unas mechas rojizas y se lo había ondulado. Casi me saca de casa en cuanto la ví y me tronché de la risa. Pero nunca reconocerá que la seguridad que le proporcionaron mis halagos, tuviese nada que ver con la decisión. Juegos inofensivos y, en cualquier caso, cómodamente reversibles con un buen enjabonado.
Pero ella se ensaña conmigo a menudo. Me habla de sus colegas. Atractivos sabios que han perfeccionado satélites o submarinos; patentado turbinas accionadas por vapor de agua oceánica o detectores de metales preciosos de las profundidades o artefactos por el estilo. Un día me contó como el más competente físico de su departamento, soltero, había inventado un anillo-mouse. ¡ Y todo porque no supe abrir la grapadora para recargarla! Me sentó muy mal porque era un modelo que desconocía, y al día siguiente, a la hora de comer, me vengué. Entré en su blog y, haciéndome pasar por un oceanógrafo de Vancouver, cuestioné la eficacia de sus experimentos poniendo en duda todas las conclusiones de su trabajo. Al cabo de media hora intervine en mi nombre para rebatir punto por punto (ya soy más que mero aficionado) lo escrito por ese pérfido sujeto. Le recordé el ingente número de científicos que la apoyaba y que la quería mucho. Resultó. Por la noche estuvo amorosa y me regaló besos. Dios sabe que me lo curro.
Ángela, más que vulnerable, es susceptible e influenciable; lo afronta y no se esconde. Yo, ante la más leve insinuación, me desmorono; con la mínima crítica, me hundo. Pero nunca lo reconoceré. La diferencia de edad y el distinto grado de madurez quedan en evidencia.
Si quiero que deje todo lo que está haciendo, comento que ha llamado un amigo suyo o mío y hemos estado hablando de ella. Hasta que no le repito hasta el último comentario con la idéntica entonación utilizada, no descansa. Como es lógico, interrogo y cotilleo con todos los amigos sobre ella y luego finjo no recordar las conversaciones. Incluso, a veces, le sugiero bailes que podrían refrescar mi memoria.
Hemos ampliado su ropero con prendas muy llevaderas: un kimono, un traje de india americana y otro de tirolesa. Entre sus cosmopolitas amistades que nos visitan; sus fantásticos platos noruegos, chilenos, africanos y chinos y las imprevisibles fiestas de disfraces, algunas noches me parece estar llegando a una embajada, pero para trabajar de camarero.
Todavía no he aprendido a hacerla reír de forma continuada, pero estoy en ello. No descarto conseguirlo pronto. Me he dado cuenta que, a veces, fruncir el ceño y recriminar mis típicos fallos le distrae; incluso le divierte. Aviso si he de llegar tarde, no bebo demasiada cerveza, ordeno mis pocas pertenencias, ayudo en las labores de la casa, trato de cumplir con lo que se me ordena y no olvidar las cosas primordiales. Pero siempre encuentra aspectos susceptibles de mejora. ¡Claro que los hay! Y hace bien en mencionarlos. Me gustaría poder corresponder su interés, pero todo en ella me apasiona. Sus facetas están minuciosamente pulidas y cada vez me conmueven más las sorpresas que me depara el día a día. Confío en poder darle la vuelta al asunto enseguida.
Me enteré que escribe un diario y, como no me dejó leerlo, le dije que yo también escribía un relato y ella era la protagonista. Al cabo de dos días me ofreció dejarme ojearlo a cambio de leer mi texto. Me negué en redondo. Dije que ya no me interesaba, que yo solo escribía para mí y únicamente publicaría mis vivencias cuando la dejase -sigo aparentando ser un truhán.
Intento desconcertarla todo lo que puedo, como es natural. Acompaño mis silencios, mientras la miro embelesado, con suspiros meditativos; como si al mismo tiempo, cavilase acerca del nanosegundo posterior al Big Bang. Estoy obligado a aparentar ser alguien interesante; no me queda más remedio si pretendo seguir ahí.
Mis amigos han congeniado excesivamente con ella. Por un lado me recrimina verlos alguna noche y por otra, cuando nos reunimos, no dudan en burlarse de cualquier cosa que digo. Me da la sensación que a José le cuenta intimidades nuestras y le pide su opinión sobre ellas. Cánido carroñero.
Recuerdo que un sábado de principios de junio nos levantamos muy temprano y fuimos a los Pirineos con Perro-Pillo. Llegamos al albergue rural y deshicimos el equipaje. Hacía un día espléndido y nos recomendaron una excursión a las fuentes de un río. Compramos víveres y nos dirigimos hacia el lugar. De forma habitual, como todas las carreteras se parecían, nos perdimos. Subiendo un camino llegamos hasta la pequeña cascada de un riachuelo. No había nadie, el sol abrasaba y los mosquitos merodeaban. El agua era cristalina y estaba helada, pero hacía mucho calor. Al principio apenas pudimos permanecer dos minutos sumergidos, pero más tarde nos acostumbramos al frío y exploramos el lecho. La música del coche nos acompañaba. A lo lejos divisamos un rebaño de ovejas y más tarde un pastor y sus perros. Vi aves, mariposas, flores, avispas, cucarachas, saltamontes, abejas, hormigas, árboles, el cielo y la creación en forma de curvas y pelo largo. Gravé mi amor en la corteza del abeto más alto con la navaja que aguardaba esta ocasión en el coche. No recuerdo haber disfrutado tanto junto a una mujer, el agua y un bosque. Un sombrío cauce boscoso, que te guarece y, de repente, un extenso campo de alta hierba, abrasada. Y tú en medio, frágil pero tan sabio y experto como el resto de criaturas que te rodean. Sol y sombra, sueño y vigilia, obsequiar y acoger... Percatarse de que el amor solo puede ser reciproco; palpar que el afecto sincero no decae y la ternura honesta perdura. Darse cuenta que los mimos verdaderos se regalan y el puro deseo, sin más, apenas ocupa espacio en la memoria.
Nos perdimos también a la vuelta y llegamos al albergue de noche. Cenamos de maravilla y nos acostamos en una habitación muy acogedora. Nos levantamos pronto, desayunamos de lo lindo, pedimos bocadillos y agua y nos fuimos directos a la cascada del riachuelo. Llegamos después de perdernos varias veces y encontramos tres coches estacionados. Dimos media vuelta y regresamos a Barcelona. Llegamos a su casa a mediodía, dejamos a Pillo, y fuimos en moto hasta el club náutico donde guarda el windsurf. No soplaba apenas viento y no quiso navegar. La mar estaba llana, cogimos la tabla y nos alejamos de la playa, una distancia considerable, remando sobre ella. Luego flotamos sosegados, a la deriva, vueltos hacia el sol. Su piel enrojecida, ardía. Yo, incandescente como el magma, hacía equilibrios para no volcar. Una gaviota fue testigo momentánea del incendio sin llamas, de las almas iluminadas en el agua. Dulce y salina, gélida y cálida, somera y profunda, alborotada y calma. Ángela.
Tengo mi propia teoría al respecto. Ella, como un salmón, abarca la totalidad de las aguas sin necesidad de brújula. Pero no va a fluir, nadar o remontar hasta el ocaso obedeciendo un instinto ancestral. Es imprevisible, puede zambullirse y bucear a contracorriente de cualquier manifestación. Más bien tiene ilusiones y, protegida por sus corazonadas, se ha propuesto convertirlas en realidad.
He tratado, con la aquiescencia de Ángela, de traducir a prosa mis líricas percepciones; creo que determinadas intimidades necesitan ser puestas por escrito, pero nos avergüenza leer los acalorados párrafos.
Soy consciente de que no soy un producto de primera necesidad, pero cuando regresó de casa de su madre en enero tuve que recordarle que era perecedero. Se había acostumbrado a despachar conmigo por teléfono y se contentaba con verme cada dos o tres días. Nunca sabrá lo mucho que preparaba esas llamadas y los elaborados apuntes que utilizaba para realizarlas. Antes de que se me agotase el talento de plagiar ingeniosas ocurrencias, tuve que recordarle que tenía fecha de caducidad. Lo preparé todo y la llamé sobre las once de la noche, la conversación fue más o menos así (guardo las notas):
- Hola Laura, guapa... ¿Cómo estás? –dije.
- ¿Juan? Soy Ángela, te has equivocado –contestó.
- ¡Ay perdona cariño! Me he hecho un lío con el número de las llamadas recibidas del móvil. Es una pesada que me ha llamado ya dos veces y quería saber si me iba a dejar en paz. Perdona, ¿estabas durmiendo?
- No. ¿Y quién es esta Laura?
- Una. Me parece que es veterinaria, o algo así. Hace casi dos años que no la veo. No sé que querrá, porque la última vez lo dejé todo muy claro. Pero no te preocupes, si algún día crees oportuno que hagamos vida de pareja, todo el mundo lo sabrá en el acto. Solo faltaría que tuviésemos que estar pendientes de estas naderías. Además, sería deshonesto sincerarme y desembrollar la distorsionada realidad diciendo que te añoro a cada momento; nuestra esporádica y frívola relación merece algo más.
No preguntó nada. Mi intervención estaba diseñada para que no lo hiciera. Seguí alabando la lúcida decisión de ahorrarnos la cargante rutina y la excitación de compartir devaneos con un perfecto desconocido. Como empezó a reír, cambié de tema y empecé a filosofar, como acostumbra el charlatán que llevo dentro, acerca de lo divino y lo humano.
A partir de entonces intercalé cariños, en nuestros encuentros, con leves insinuaciones y sutiles amagos. Tenía que impedir que se habituase al lujo de tenerme lejos. Creo que en buena medida lo conseguí porque no me importó dormir destapado en una esquina, por los platos que cociné y por la música y el aroma del café que la despertaban. Me desfondé durante semanas hasta que fue ella quién echó a faltar esas sensaciones y recabó mi presencia. Acudimos raudos. Perro-Pillo, una bolsa y un servidor.
Pillo me ayudó mucho esos primeros días. Sus estropicios eran siempre peores que los míos. Por aquel entonces se me bloqueó el disco. Escribía sandeces y pensaba en orcas viudas de luto riguroso, gotas de agua gemelas univitelinas, el traumatólogo del Clínico tirando mi rótula a la basura, minúsculas llaves Allen y estupideces por el estilo. Una gran carrera como literato se frustró y el culpable pudo ser Pillo. Además, pensé que era más fácil escribir algo de interés siendo novel que lastrado con la experiencia de mi anterior fracaso. La experiencia con mi ópera prima solo había conseguido dispersar mis dudas a hechos científicos casi tan complejos como el amoroso.
2003
Domingo 24 de agosto
Prosperar es un término con un significado cierto: Ir a más, a mejor, tener éxito... pero más ambiguo y subjetivo que enamorarse, que es rotundo. Si partías desde cero, con muy poco mejoras mucho; si vas a más lentamente desde la fama, apenas ganas y... ¿cómo cuantificas el éxito? Prosperar es complejo y cifrarlo enrevesado. A casi nadie contenta la labor de hacerlo ni el haberlo conseguido.
Aunque creo en el destino, no confío en la suerte, por eso mismo a finales de enero decidí abandonar el proyecto de escribir la novela rosa que no se dejaba escribir. No pude camuflar el día a día que me anestesiaba y era incapaz de desnaturalizar ante la pantalla aquello que cuenta exclusivamente. A excepción de mis mensuales críticas literarias, lo único original que han escrito mis dedos es un archivo de unas veinte páginas repleto de algún verso de rima asonante y cursis estrofas sin rima.
Desde ese momento mi trabajo se me hizo cuesta arriba, la soledad de mis traducciones se convirtió en una condena. Todavía guardaba algún ahorro pero parte de mis aspiraciones se habían truncado con la forzada salidas del proyecto del sello editorial y la renuncia a la quimera de escribir. Busqué remedio a la situación y a principios de marzo me salió la oportunidad de firmar un contrato de dos años con una empresa que realiza doblajes y subtítulos de series y películas de televisión. En eso estoy, contento como lo estaría pedaleando con el grupo de probadores de una fábrica de mountain bikes o en la cuadrilla de cuidadores de focas del zoológico. Las condiciones eran buenas y echaba de menos el trabajo en equipo, las bromas con los compañeros y la rutina de un horario. Sigo traduciendo libros, pero a otro ritmo. Trabajamos mucho, dormimos poco y yo me dedico a tratar de hacer feliz a Ángela el resto de la jornada.
A la hora de comer, desde mi casa, hace ya meses que escribo comentarios en su blog. A veces anónimamente para agradecerle su esfuerzo, que realmente es mucho; otras, firmo con mi nombre escuetas palabras de amor.
Ángela es distinta, casi he dejado de hablar y me han crecido las orejas porque al teléfono pierde casi toda su gracia y mis apéndices se esfuerzan. Cuando a las ocho llego a su casa por las noches, si la pillo cerca me besa y me rodea con sus brazos; si está en la cocina, el baño o las habitaciones invariablemente empieza a hablar. Si pierdes el hilo vas perdido porque todo tiene relación, nada es superfluo y harás el ridículo más tarde. Es un ángel pensante, agotador y maravilloso. No me pierdo una cena y menos desde que mi poca ropa y perro-Pillo viven en su casa, y me leí aquel ejemplar de matemáticas, física y química básicas para no iniciados que me recomendó. Ella prepara la verdura o ensaladas y yo traigo semanalmente carne o pescado, vino o cerveza, pongo la mesa y escucho. Es lenta como mi abuela, nos toma una hora cenar: explica, entre bocado y bocado y de forma aleatoria, sus sentimientos, memorias familiares, descubrimientos, chascos, críticas e ideas recientes (que pueden tener minutos de vida) Se toma la vida en serio y, por ello, de buen humor. Después de recoger la mesa, ella se enfrasca en su blog, y casi diariamente realiza nuevas intervenciones; y yo aprovecho para leer o trabajar en el salón con el portátil. Tengo que raptarla muchas noches para que abandone el PC y venga a no descansar a la cama. Es la cosita más mona a este lado del planeta. Construimos un igloo con el edredón, la colcha o la sábana. Antes dábamos calor a nuestros pies, ahora tomamos una ducha fría y redescubrimos el momento. Son nuestros minutos íntimos, cada noche es distinta, no necesitas guión, los recuerdos no intervienen y la magia no deja de sorprendernos cuando aparece. No sé darle nombre y sin él no puede ser un secreto, es algo circunspecto, que no asimila más voces, algo recóndito y banal que desafía.
Seguimos cenando y bromeando. Como ella prefería reír que provocar la risa, en un momento dado se me ocurrió decir:
- Una faceta que contrarresta, de algún modo, algunos malos hábitos que hay que mejorar es tu peinado. Esa media melena o como se llame. Al ser tan simple te permite enjabonarte el pelo y arreglarte rápidamente sin necesidad de secador ni aparatosos trabajos y éste anodino color castaño es imposible que sea el resultado de ningún tinte. Lo que te debes ahorrar en peluquerías.
Se levantó inmediatamente y quiso estrangularme. Casi me caigo de la silla y me pidió una explicación convincente. No se me ocurrió decirle otra cosa que:
- No me has entendido, el volumen de tu pelo es idóneo, ni mucho ni poco, el justo. Tú y yo sabemos que no tienes una mata de pelo de anuncio de suavizante pero tampoco estás calva ni tienes clapas. Por otro lado tu corte es sencillo, en el sentido de cómodo y práctico. Nunca te podrá dar grandes alegrías pero tampoco te creará problemas insalvables. El color fangoso es lo que más me gusta. Estoy pensando en hacerme unas mechas con ese mismo tono.
Se levantó, me dijo que era un sinvergüenza, que yo si me estaba quedando calvo, que tenía barriga y salió por la puerta del local. Se me heló la sangre. Temblando dejé dos billetes en la barra y salí corriendo en su busca. Era un miserable y lo tenía merecido. La alcancé a la carrera y le dije que era todo broma, que me encantaba su pelo, su estilo de vestir, de actuar, que toda ella era perfecta y le supliqué su perdón. Jamás se me iba a ocurrir repetir semejantes insultos. En prueba de ello, si ella quería, me cortaría el pelo al cero, me pondría a dieta, hablaría menos y aprendería a comportarme con moderación. Si me daba la última oportunidad no se iba a arrepentir. Me iba repitiendo que la dejase en paz, que ya había escuchado suficiente, que era un inmaduro y buscase otra que me riera las gracias. Me adelanté unos pasos y me arrodillé con las manos juntas suplicantes pero pasó de largo. Me levanté, la alcancé de nuevo y dije:
- He dado una pobre impresión, lo reconozco. No sé medir las proporciones, solo pretendía bromear. Tú y yo sabemos que no me puedes gustar más, aunque, sino me queda más remedio, a partir de ahora lo negaré siempre. Si me perdonas, dejaré de buscar defectos donde no los hay y me limitaré a preocuparme por tu felicidad, que es la mía. Te propongo dedicar lo que queda de siglo a meteremos solo conmigo, hasta que te canses. Si supieras la cantidad de secretos que guardo y se prestan a hacer chanza y lo susceptible que soy.
- Dime algunos.
- Por ejemplo lo de mi barriga, me ha llegado a lo más profundo. Mentar mis poco fornidos brazos me sonroja, por no hablar de otras partes más sensibles. Mi pelo es fino y endeble y tiene la manía de desprenderse de la cabeza. Hay infinidad más de detalles, pero no creo que ya te interesen –por descontado no le dije mis secretos más hirientes.
Se paró en seco, sonrió y me abrazó. Permanecimos cinco minutos en la acera besándonos. Nuestra primera reconciliación. Le prometí que no volvería a suceder y me impuse el castigo de ser su esclavo hasta nueva orden. La primera consistió en llevarla en brazos a casa cantando una canción romántica. Se me ocurrió el dueto de Frank & Nancy Sinatra Somethin´ Stupid pero cantado a solo. Volvía a reír y tenía una noche y media mañana por delante para enmendar el error. Al entrar en su piso, sin decir nada, agarré el estropajo de la cocina y me tiré por el suelo a sacar las gotas de pintura. Me levantó alegando que ya tendría tiempo y dijo que tenía que bailar para ella un buen rato de forma seductora música lenta. Yo no sé bailar esa música si no es agarrado pero... ¿quién me había pedido mi opinión?. Puse el CD de Sade y tuve que bailar las dos primeras canciones solo hasta que vino a rescatarme y lo hicimos a dúo. ¡Qué bien se siente uno acompañado por la mujer de sus sueños y sin tener que tomar decisiones ni iniciativas! Ángela es clara: es un pecado no disfrutar de la vida mientras no perjudiques a nadie. Me maravillo: la ternura y la alegría no parecen constituir una novedad en su proceder y no alberga rencores ni secretos temores.
Seguimos bailando hasta que puso el CD de grandes éxitos de Tina Turner y pude verla bailar sola decididamente en serio. Se me escapaba la emoción, fui al baño y al regresar, ¡seguía bailando! Era autónoma de manera rotunda: si había alguien por ahí a modo de pareja de baile o público, bien; de lo contrario, estupendo. Mis más exquisitos pasos de baile eclipsaron la pista por un instante pero enseguida los emuló y perfeccionó. You are simply the best.
El resto de la noche llevé su ritmo y me esforcé en hacerla reír sin hablar. No podía contar ni con el susto que me supuso la pérdida, ni con la ilusión que me hizo reencontrar un amor tan reciente. Enseguida se aburrió del esclavo sumiso, me manumitió y pasé a ser primero su igual y, justo antes de dormir, su pareja. Los Ángeles adornaron mis sueños con su risueño rostro y al verlo a mi lado, cuando la claridad me despertó, di gracias a Dios y cerré los ojos.
Domingo 22 de diciembre
19.33 Ayer llegué a las siete a su casa. Me recibido sonriendo. Llevaba puesto un vestido chino de manga larga hasta los tobillos de seda de color azul marino decorado con motivos florales plateados y celestes, el pelo recogido con un palito y unas manoletinas oscuras. ¡Fascinante! Sería suyo para siempre. Le agradecí el regalo con un beso y le obsequié con los CDs. Puse mi favorito de música brasileña y seguimos besándonos de pie hasta que empezó a contonear las caderas al compás, se separó y bailó en mi honor alzando lentamente los brazos y girando la cabeza. No concibo un espectáculo mejor, yo no le he visto. Fueron tres canciones inolvidables. Me limité a mirar, chasquear alguna vez los dedos y sonreír pasmado.
El resto del CD lo escuchamos desde el sofá, en la séptima canción el bonito vestido nos miraba desde el sillón de al lado y una cálida manta nos cubría, en la undécima yo quería detener el tiempo y tomar apuntes de mis percepciones sensoriales y mis precisos sentimientos. Esta vez los sentidos estaban focalizados, empapándose de los matices que la distinguen entre todas. La música cesó y me levanté para reanudarla, todo era perfecto no había que cambiar nada. Ángela aprovechó la pausa para traer unas tostadas, queso, aceitunas y dos cervezas en una bandeja. Es más hermosa andando que quieta y de pie que estirada. Su entrega es tan inocente que solo la pura verdad la merece y retroalimenta. Sobraban las palabras, todavía había música que escuchar y amor para dar. Me escuché aullando a la luna mientras ella me acusaba de exagerar y luego creí atisbar el brillo de mis pupilas en las suyas. Le volví a decir que la quería y ella me premió con inmerecidos elogios. Entre besos, caricias y mimos el CD se acabó y, en sosiego, nos quedamos dormidos abrazados.
Despertamos a las diez y ya no llegábamos a mi reserva para cenar. Nos duchamos y vestimos y ella misma propuso volver a la tasca donde estuvimos anteayer. Me emocioné, no se avergonzaba de ser repetitiva. Caminamos cogidos de la cintura y saludamos al dueño al entrar. En el instante en que eligió chipirones y tortilla de patatas pasé a considerarla una más de la familia y le apreté la mano. Pedí una botella del mejor Rioja y nos sentamos en una mesa.
- Ahora me explicarás con calma ese retrato que esbozaste de mí, sus diferencias con el que ahora pintarías, los motivos y tu precisa opinión -dijo al acto.
- Ya sabes que la mía no es una ciencia exacta, son simples aproximaciones fruto de indagaciones y análisis de pesquisas. Cuando nos presentaron, mi primera impresión fue buena, te levantaste y me diste dos besos, giraste tu silla para establecer un círculo en la mesa y mirabas indistintamente al editor y a mí aunque te dirigieses a él. Una chica bien educada, como tantas otras. Luego, tomando café en el bar, mantuviste tu postura inclinada hacia mí hasta que rompimos el hielo en unos minutos; te comportaste de forma cordial cuanto menos. Cuando en la conversación te menté a propósito a mis hijas, preguntaste su nombre en lugar de su edad, preferiste idealizarlas de esa manera y me resultó un rasgo original, y a la vez humano. Que mencionases tu experiencia en las rupturas me pareció muy espontáneo y, lo más importante, me dio pistas y esperanzas. Como te he mencionado, físicos clásicos como el tuyo los veo en muchas estatuas pero, reparando dos veces en tu fisonomía, tal vez tú resultes más expresiva. No quiero hablar sobre las conclusiones a las que he ido llegando desde entonces, podrían sorprenderte y no quiero estropear la noche.
- Chillaré si no continuas hablando.
- Necesitaré suficiente tiempo para evaluar la dejadez. Los pantalones que llevabas el jueves por la noche pusieron en duda la elegancia, saltaban chispas a cada paso que dabas y parecían confeccionados con tejido de fibras brillantes de petróleo. La capa de gotas de pintura blanca del parquet de tu casa dice poco de tu minuciosidad. La alegría permanece, aunque ahí siempre se pueden hacer esfuerzos suplementarios. Mi noción de tu ingenuidad se perdió en tu habitación, sin más comentarios. La humildad es un atributo de percepción dispar, otorga tal grandeza que irremediablemente encumbra. Ese valor lo posees y forma parte de tu atractivo; pero he advertido cierta sonrisa triunfal, como una sensación de poderío cuando, en el preciso instante, he sacado al coyote que llevo dentro y me ha intranquilizado. Debes vigilar ese punto porque, siendo notoria esa ventaja que llevas sobre mí, estas competiciones son ilusorias y en cualquier momento se puede dar la vuelta a la tortilla.
Se levantó, se sentó en mis rodillas, besó mi boca, me llamó payaso y exigió volver a escucharme aullar. Ya estaba enamorado, soy así de impaciente e impetuoso. ¿Qué le vamos a hacer? Ahora mi objetivo era permanecer en este estado eternamente. Los inconvenientes surgen de forma imprevista, pero partíamos con una buena base: parecía que no le caía muy mal y yo estaba dispuesto a mantener encendida esa llamita.

Una chica que soñe se parecía a Ángela
23.50 Al cabo de media hora de enviarle el mensaje me ha llamado riendo y notificándome que había pasado la prueba. Yo estaba con Pillo esperando a que salieran mis hijas de clase y ella de juerga en la oficina. Cuando Carmen ha salido corriendo cargada de trabajos manuales de navidad, me he hecho el interesante y le he preguntado si le importaba que la llamase más tarde.
Luego he hablado con mi madre y se ha ofrecido a que las niñas duerman en su casa mañana. No sé que haría sin ella.
Merienda, deberes, la compra, juegos, baños, pijamas, cena, cuentos y una llamadita entre tanto:
- Hola preciosa. ¿Acabarás con toda la cerveza esta noche? Casi he olvidado la posición exacta de tus pecas, ha pasado tanto tiempo que ya me he destemplado.
- Estaba eligiendo la ropa para esta noche y me he acordado de ti, no precisamente bien. Me ha gustado algo de lo que me has escrito pero como eres un cuentista no sé si darle credibilidad. ¿Qué tal tus hijas?
- Pregúntale al perro, es a él a quién vienen a ver, pero parece que bien porque no se quejan. Duermen con mis padres mañana y me iría bien verte para confirmar que esa dulzura no fue un espejismo. Se me ocurren tantas cosas que quiero contarte.
- Adelántame algo.
- Mis verdaderos sentimientos, pasiones y aficiones, recuerdos que llevo gravados en la memoria, lo que pensé exactamente de ti cuando te conocí, lo mucho que podría llegar a quererte y lo preciosa que eres. Tonterías sin importancia.
- ¿Qué pensaste de mí exactamente?
- No sería justo explicarlo por teléfono, hay sutilezas gestuales que también expresan. He pensado que la cena con mis amigos puede no resultar tan interesante como creí a priori, ya sabes: los de siempre... hablando de las mismas cosas... Ya habrá otras oportunidades mejores. Me encantaría invitarte a cenar a un restaurante que no olvidarás.
- Si no me dices que pensaste de mi no voy a cenar.
- Tú verás, te llevarás una imagen falsa. Solo puedo avanzarte que los cordones mal abrochados de tus zapatos bicolores sugirieron despiste, el patrón y el acabado del denim de tus vaqueros elegancia, tu detallado interrogatorio al editor minuciosidad, las diminutas flores de tus pendientes alegría, tu sonrisa ingenuidad, tu mirada franqueza y me conmovió tu humildad al reconocer tu ignorancia en cuanto a la metodología del trabajo a realizar. Para conocer el resto de rasgos de tu personalidad que me transmitieron tu apariencia, tus palabras y gestos, tendrás que cenar conmigo.
- Venga, cuéntame más.
- Te llamaré por la tarde, podemos cenar pronto y encontrar refugio en algún lugar para tomar algo.
La curiosidad le puede. Ha estado mimosa y maravillosa el resto de la conversación sin dejar de insistir en que le contase más cosas. Tengo todo un día para ir pensando que añadiré a mis conclusiones de ese primer encuentro.
Al colgar Lucía me ha preguntado con quién hablaba y cómo se llamaba. Después de cenar hemos acabado de instalar las figuritas del nacimiento y decorado el pino de la terraza que hago pasar por abeto cada navidad.
Sábado 21 de diciembre
16.47 Se acabó la escuela, se acerca la navidad y Pillo mueve la colita. Lucía y Carmen están de un contento contagioso. Carmen ha reinterpretado la escena y las ocas, los patos, las gallinas y las cabras con sus crías han sustituido a San José y la Virgen María acompañando al niño en el pesebre.
Sobre la una me ha llamado Ángela; venía de correr un poco y quería advertirme de que escogiera bien mis palabras para referirme a ella. ¿No es un primor? Le he dicho que dejaría a las niñas antes de lo previsto y que sobre las siete estaría en su casa de no existir contraorden. He llamado a José excusando mi asistencia a la cena, he alegado una cita ineludible y no me ha sonsacado más información, ya nos veremos la semana que viene. Estoy haciendo copias de mis mejores CDs.
ANGELA - I
A fin de mostrar que lo mejor que nos pasa a los aburridos barceloneses son los visitantes que nos honrran con su presencia en la ciudad, una corta saga de Angela.
Miércoles 11 de diciembre
También van a supervisar mi trabajo, pero esta vez de cerca. Casi he terminado de corregir la traducción de los volúmenes de historia del pensamiento pero mi cliente me ha pedido dar prioridad a un libro de oceanografía. Nos hemos reunido en su despacho con Ángela, una física que trabaja para el Instituto de Ciencias del Mar. Es muy agradable, creo que le he caído bien. Era todavía temprano y al salir hemos tomado un café en el bar de al lado. Es un poco despistada y atolondrada pero muy atenta. Ha dejado en mis manos la organización del trabajo. Vestía vaqueros con una fina camiseta y un grueso suéter de algodón y unos zapatos deportivos con cordones. Toda ella es de medianas proporciones. Cuanto más la miraba más me gustaba. Un sol con un fresón en la boca. Tiene acento extranjero aunque habla mejor que yo y se ríe de su sombra. Han sido veinte minutos electrizantes en los que he tenido que pensar en facturas y otras cosas por el estilo para no babear.
Hemos salido juntos, nos hemos despedido con dos besos, se ha enfundado el anorak de astronauta, se ha colgado la mochila en la espalda y se ha ido velozmente en su scooter. Con mucho tacto y sin ofender, veré lo que puedo hacer. El no ya lo tengo.
Viernes 13 de diciembre
13.12 Me ha costado acabar la traducción, pero estas cosas salen mejor en caliente. Si espero más ya no recordará ni mi nombre.
e-mail
Para: Ángela
De: Juan
Hola guapa,
Fue un placer conocerte el pasado miércoles, lo pasé bien contigo y me pareciste muy agradable.
He sido raudo y ya he terminado los dos primeros capítulos. Los adjunto por si tienes tiempo y ganas (no hace falta que trabajes este fin de semana) para mirártelos. Encontrarás en rojo las partes sobre las que albergo dudas.
Hay más, no me apetece ir a comprar regalos de navidad mañana y, me preguntaba si te gustaban las películas divertidas e intrascendentes con final feliz. El lote completo podría incluir unas tapas en una tasca donde solo entran viejos lobos de mar y jazz en vivo. Es todo optativo y con la mejor voluntad. Si no te apetece estar al día de mis ocurrencias extra laborales, te agradecería me lo aclarases expresamente (no te preocupes que sobreviviré al infarto) o lo volveré a intentar.
Mis mejores deseos, salud y éxitos.
Juan
16.43 Aquí está el fruto de una vida de esfuerzos.
e-mail
Para: Juan
De: Ángela
Hola Juan,
¿Siempre eres tan rápido? Con la cantidad de trabajo que tengo pensaba poder olvidarme de la traducción hasta dentro de un tiempo. Yo si tengo que hacer muchas compras, estoy de mudanza y necesito trabajar este fin de semana en mi piso. No es que no me apetezca el plan pero tengo que montar muebles, lámparas y arreglar un montón de cosas.
Bueno cuando pueda me miraré lo que has escrito.
Un beso.
Ángela
17.18 Mi estado positivo me permite interpretar que no se ha molestado. Es más, hasta le podría haber sorprendido gratamente. Creo haber encontrado la excusa perfecta.
e-mail
Para: Ángela
De: Juan
Hola preciosa,
Hoy puede ser uno de tus días de suerte: puedo disponer de una furgoneta para traslados, hago recados, hice un curso de montador de muebles y poseo nociones suficientes de pintura, electricidad, fontanería, carpintería y chapuzas. Tengo todo el sábado libre a partir de las seis de la mañana, dos fornidos brazos y no me importa recibir órdenes.
Pero entenderé que no te guste aceptar una mano de alguien desconocido. Los seres humanos no debemos ayudarnos los unos a los otros, ¿quién se inventó esa aberración? Además se busca a un forajido con mis credenciales por haber asesinado a golpes a varias mujeres con el lomo de un diccionario de tapa dura.
Lo dicho, está en tus manos.
Un abrazo.
Juan
PD. Teléfono de urgencias: 607 212 5874
A los quince minutos me ha llamado para decir que me pondría a prueba con el destornillador. Tenía todos los muebles de Ikea desde ayer por la mañana en casa y esta tarde debía comprar masillas, pintura, brochas, herramientas, bombillas, cables... Le he dicho que yo traería todas las herramientas necesarias y que el resto lo compraríamos sobre la marcha, hemos quedado mañana a las diez.
Esto podría pintar bien. Esta vez no se lo voy a contar a nadie, hasta me da apuro escribirlo. No es más que una mujer, no entiendo por qué se me ha acelerado el ritmo cardíaco y mis mejillas se han sonrojado mientras hablaba con ella ¡por teléfono! Voy a necesitar toda una tarde de ejercicios de respiración Ommmmmmm...
18.32 Me he quedado dormido en el sofá y me intranquiliza no recordar las situaciones que me han llevado a soñar con yoghis barbudos, tapires, orcas y pequeñas llaves Allen que no encajan. ¡Que pesadilla! Perro-Pillo, nos vamos a pasear.
19.15 Mucho mejor. Cuando alguien descubra lo de la interpretación de los sueños podrá comprar Microsoft con una OPA hostil sin poner un céntimo, no habrá banquero que se le resista. Hay que resignarse, si uno sueña se expone a tener pesadillas.
21.45 Esta vez me voy a mostrar tal y como soy, con todo el abanico de bondades, que he ido perfeccionando a lo largo de estos meses de introspección, desplegado. Será la forma más seductora de ocultar las evidentes e irresolubles taras. Ya habrá tiempo de explicaciones sobre mis vicios ocultos; poder llegar a ese extremo sería una excelente señal.
Por SABGABCN

ANGELA - II
Sábado 14 de diciembre
Ángela vive en un edificio en segunda línea de la playa de la Barceloneta. El piso es pequeño y tiene humedades pero recibe el sol de invierno a mediodía y lo vamos a dejar como nuevo. Escribo en plural, si es que soy un ingenuo.
Es un encanto de chica y he debido escalar puestos en el ranking porque las chapuzas han ido saliendo aceptablemente. Cuando he sacado un codo de goma de mi caja mágica y lo he ajustado al desagüe del fregadero con una abrazadera se le han iluminado los ojos. Soy muy diestro con la paleta y la masilla y he dejado lisas las paredes y secándose para una mano de pintura que ella me ha dicho que irá dando a horas perdidas. Montar todos los muebles de la casa ha supuesto correr un mini maratón maldiciendo para mis adentros. Las instrucciones eran demasiado simples, no las captaba. Me he equivocado tantas veces que he desmontado casi tanto como montado, pero la mesa de comedor, las sillas, lámparas y las estanterías han ido tomando forma paulatinamente. Las mesillas de noche, la enorme cama, el somier, el colchón, las sábanas y el edredón pedían revolcones y yo suspiraba. Le he dicho que necesitaba las instrucciones para sintonizar la televisión y el video, me ha parecido inútil seguir intentándolo. Otro puntito ha sido el arreglo del microondas encastrado: lo he desempotrado y estaba simplemente desenchufado pero, como he estado un buen rato, he comentado algo sobre unos deteriorados fusibles de entrada. Solo hemos tenido que bajar para comer un bocadillo y comprar una escalera, una fregona y otros útiles de limpieza.
He frenado mis ansias de saber, mostrándome despreocupado y concentrándome en el trabajo y en cavilar y soltar algunas oportunas agudezas. Simulaba ser un profesional acostumbrado a bregar con estas faenas a diario. Nadie hubiera podido sospechar que suspiraba por sus huesos. Fantaseaba con estar ensamblando una estación meteorológica en una paradisíaca y remota isla para después sobrevivir en ella como náufragos.
Le he colgado una marina y una escena de caza al óleo y tres cuadros contemporáneos cuya técnica y temáticas desconocía. A las siete y media la casa estaba limpia y el sofá y los sillones sin mesa de centro en su sitio, se veían cuatro canales de televisión y se escuchaba música. Su habitación estaba como para trasladarse a vivir y el gas daba agua caliente, calor y lumbre. Quedaban cajas de libros, ropa, fotos, vajilla y otras pertenencias por desembalar pero el grueso de la obra estaba realizada, he cavilado en voz alta:
- Bueno, no sé si quieres que mire algo más, tal vez preferirás ordenar estas cosas tú misma. Ha quedado bien, ¿no? El piso es luminoso y los has decorado muy alegre, estarás muy confortable. Insisto en ayudarte con la pintura, lo tengo muy por la mano y no me cuesta nada. Me parece que voy a pasar por casa a ducharme y cambiarme. Si te apetece te recojo en un par de horas y cenamos algo por aquí.
- Muchas gracias. Has sido muy amable. Ya has hecho demasiado, eres un encanto, pensaba que no acabaría nunca. Voy a dejarlo así y continuaré mañana, también necesito una ducha, cambiarme de ropa y despejarme un poco. Perfecto quedamos en dos horas. ¿Me llamas desde abajo?
No es habitual que un cliente quede para cenar algo con el lampista. He atravesado la ciudad cantando, me he duchado en casa con November rain de Guns and Roses a todo volumen y me he disfrazado de distinguido intelectualoide desenfadado a la par que estiloso, o sea con pantalón y chaqueta negras y camisa blanca. Luego he escuchado y cantado dos veces Pagliacci de Puccini para subir el nivel.
Ángela se había arreglado: pantalones negros con una blusa azul Oxford y una chaqueta de punto de cachemir también negra, botín oscuro de medio tacón y un chubasquero sintético negro brillante. Como dos sepultureros.
Hemos ido directos a la tasca que unos pocos elegidos conocemos a degustar la mejor tortilla de patatas y los mejores chipirones del mundo conocido. Le ha encantado y yo he ido restando importancia a todos los sucesos para centrar en ella toda la atención pero sin interrogarla.
Nos hemos sentado en una mesa y al acabar la primera cerveza y pedir la segunda tapa me ha explicado que nació en Glasgow, como su padre y tiene nacionalidad británica aunque su madre es noruega. Vivió su infancia y juventud en destinos repartidos por los cinco continentes debido al trabajo de su padre en una multinacional minera y aprendió español en Chile. Tiene un hermano trabajando en Hong Kong y sus padres están divorciados, ya retirados y ambos se han vuelto a casar: su madre vive en Altea y su padre en Sydney. Ella llegó a España, desde Noruega, con su madre y su actual marido hace ocho años y se trasladó a Barcelona cuando la contrataron para su vigente trabajo hace ya cinco años.
Para los que somos de pueblo y apenas hemos salido de él, estas bibliografías nos parecen hazañas dignas de conquistadores, no entendemos como alguien puede habituarse a vivir en nueve hogares distintos con sus respectivas mudanzas. Por no hablar de tener que entablar nuevas amistades y memorizar el camino de regreso a tu cama. Era ya mi heroína pero nunca lo sabría. Debía estar inmunizada contra todos las más virulentos gérmenes y no dejaba de irradiar emoción y una delicada y femenina fragilidad.
Por SANGABCN
ANGELA - III
Ángela ha vivido hasta hace tres semanas con un traumatólogo que vive y trabaja en urgencias en el Clínico y al que veía, muy de vez en cuando, por la casa durmiendo. Lo ha abandonado de un día para otro, después de cuatro años, por una corazonada. Se levantó una mañana y, reconociendo que el tipo no era mala persona, vio claro que no era el hombre de su vida y lo dejó.
Le pagan por vibrar monitorizando y analizando imágenes y datos de satélites, cámaras de rayos infrarrojos, radares, sondas acústicas y otros artefactos con sensores y desarrollando modelos climáticos y otras muchas labores que no he comprendido. Tiene treinta y dos años, los mofletes rojos, los ojos grises y se muerde las uñas. Lo que más le ha interesado de mí, con diferencia, han sido mis hijas y el cachorro Pillo. Como no ha acabado de entender que yo escribiese sobre el amor sin salir con nadie, le he explicado que me he distanciado intencionadamente para tratar el tema de forma ecuánime.
- ¿Y renunciarías a un amor de verdad por tu obra? –ha preguntado.
- Buena pregunta –he respondido sin saber que contestar- Sin la menor duda el amor auténtico enriquecería mi vida y mi obra, pero cualquier sustituto las arruinaría. He aprendido a frenar el ímpetu y a valorar la ternura por encima del puro capricho. Mi curiosidad se sacia con los libros y mis necesidades sociales con personas cordiales y con un discurso atrayente, sin más. Si además todo ello coincide en una chica preciosa como tú, me es imposible disimular mi entusiasmo.
- Gracias, no necesitas adularme. Seguro que ya has compuesto más de una frase seductora. No estoy yo para esos trotes, sino justamente de vuelta. Ahora suspiro por la quietud y la recobrada libertad.
- Perdona, debo moderar mi franqueza, no pretendía regalarte los oídos. Unos años de tranquilidad equilibran mucho. Aíslate y baja a la calle únicamente para aprovisionarte y bajar la basura. Si lo deseas puedo enviarte por e-mail resúmenes de las peores películas, grabaciones piratas de aburridos conciertos e imágenes de depravados amantes besándose en el parque.
- No me refería a eso, de todas maneras no voy mucho al cine ni a conciertos, siempre tengo demasiadas cosas que hacer: escribo en mi blog de Internet, leo mucho, me gusta correr, el senderismo, el windsurfing, dormir...
Ya estaba yendo de listillo, era una mujer repleta de vida que sabía muy bien lo que quería y un bufón no entraría en sus planes. Memoricé la dirección de su blog y respiré hondo.
- Bromeaba, yo también suelo correr y llegué a sostenerme en una tabla en marcha. Además de trabajar, con tanto por leer, descubrir y practicar, tengo que establecer límites a mi curiosidad. Tampoco me siento nunca solo con mi soledad, aunque los mejores instantes se comparten, como los peores. Bienvenida a un club en el que durarás muy poco. A medio plazo creo tener más datos objetivos para vaticinarte un romance, que tú para establecer predicciones climáticas. Y hablo como estudioso del tema, no como simple conocedor.
- ¡Huy que verborrea! Esas cosas no se estudian, se sienten cuando se hacen. Hace tiempo que no leo más ficción que la prensa diaria. En cambio me gusta leer vivencias personales en otros blogs, superan con creces la más irreal inventiva. Los océanos son grandes desconocidos. Yo trabajo con hechos contrastados para elaborar modelos informáticos que brindan hipótesis con un grado de certeza del todo insuficiente para conocer un complejísimo sistema y predecir sus comportamientos futuros, algo alejado del trabajo de un físico de laboratorio, un químico, un biólogo molecular y no digamos del de un matemático. Esa incertidumbre convierte mi profesión en adictiva. La investigación científica, básica o avanzada, necesita idéntica labia convincente para aupar esfuerzos que una campaña de ventas. Vivo en un mundo de posibilidades, causas últimas, tendencias, modelos alternativos y teorías. Cuando llego a casa me gusta enfrentarme a hechos reales, a reacciones predecibles y crónicas sinceras.
Estaba maravillado. Todavía peor, ya estaba prendado. Podría haber seguido escuchándola toda la noche pero me cedió el turno y no sabía que añadir. De repente recordé algo que leí en un libro.
- Bueno, tu especialización es más bien geofísica pero me sorprendió leer algo sobre las repercusiones climáticas y biológicas de las corrientes antárticas de las profundidades subacuáticas en los tres grandes océanos y el contradictorio comportamiento del fitoplancton marino en cuanto absorbe CO2 y posibilita la vida y al mismo tiempo puede ahogarla. También me intrigaron las propiedades de algunas partículas ferrosas para acrecentar los nutrientes de los microorganismos oceánicos –dije, como si acabara de desembarcar del Nautilus en una misión austral y me despertase intranquilo, a media noche, por estas cuestiones.
Es un cielo de mujer, me informó del estado de la ciencia sobre cada una de las materias con ejemplos simples y me explicó las diferentes hipótesis sin tomar partido explícito por ninguna cuando no era su campo de estudio y no había reflexionado sobre ello. Como yo no sabía que decir, porque apenas entendía nada, a medida que hablaba me iba preparando la siguiente intervención intentando recordar asuntos relacionados. Sería la mejor de las maestras, se explicaba tan bien. Estaba tan mona con sus pequeños aros de plata en las orejas y un poco de rimel en las pestañas. Yo asentía y, a medida que me iba informando, le planteaba preguntas meteorológicas que imaginaba no debían tener una única respuesta. Se sacó la chaqueta, me fijé en que tenía un pequeño roto en el hombro de la camisa y me encantó. Ya fuera porque por despiste no lo hubiera apreciado; ya porque, sin disponer de tiempo o hilo y aguja para zurcirlo, no quisiera renunciar por tal menudencia a su bonita prenda para la ocasión.
Por SANGABCN
ANGELA - IV
Siguió explicándome los avances de la investigación oceanográfica y los objetivos de los últimos proyectos hasta que llegó un momento que debió interpretar por mis comentarios que no entendía nada y pasó a preguntar ella:
- ¿Tu interés por la materia es profesional, intelectual o se ciñe a entrevistar a las supervisoras de traducción con las que trabajas?
- Sobrevaloras mi agudeza. Me atrae poder ampliar mis conocimientos disfrutando de tu compañía; que resulta deliciosa, todo hay que decirlo. Un libro abierto, eso es lo que soy. No necesito estrategias porque no libro batallas ni tengo meta alguna, salvo la felicidad de los que quiero, que es la mía, y poner mi granito de arena para hacer un mundo mejor.
Se destornilló de la risa, el papel de Sócrates no le había impresionado y puso su mano en mi antebrazo para decirme que si no le contaba algo convincente sobre mí, pensaría que era un filibustero.
- Con la variedad de personas interesantes y problemas candentes, me desagrada hablar de mí, puedo afirmar que, después de muchos desvelos en mi matrimonio, posterior divorcio y otras infructuosas relaciones, disfruto al fin de una apaciguada rutina que me brinda la oportunidad de recrear la imaginación indagando en mi memoria. Dios me ha bendecido con el don de conmoverme con el hechizo amoroso. Ello, además de mi trabajo, me permite describir con palabras las cosas que, a mi modo de ver, cuentan. Será mi primera obra después de un tropezón, y está en ciernes, pero hasta su fin no podré parar. Por lo demás mis hijas están muy bien, mi familia también, aprendo de todos mis amigos porque sé elegirlos, mi relación con mi ex es muy buena y puedo pasar por divertido si me ríen las gracias.
- ¡Qué peligro! Tanta paz en un periodo creativo no me cuadra. No serás pirata pero aparentas una amalgama entre Colón, Cortés y Pizarro. No quieres contarlo pero te delatan tus ojos. Quizás no sea la desbordada lujuria de la locura creativa, pero la pasión desenfrenada anida en tus pestañas. A mi no me engañas.
Me descolocó, dudaba entre reír, negarlo, darle la razón o levantarme e ir al baño antes de sonrojarme y empezar a sudar. Opté por negarlo, diciendo cuán equivocada estaba y dirigirme al baño a ganar unos segundos y recapacitar para no caer desvanecido. No recordaba sentirme tan desconcertado, supongo que porque nadie me había interesado así. Sus palabras eran tan sencillas que no las entendía. Podrían dar a entender que abrigaba una posibilidad o que ya éramos tan colegas que hablábamos sin tapujos. No entendía nada y empezaba a respirar mal.
De vuelta a la mesa interpreté el sueño: debía ir sin prisas, no hacerme ilusiones y pasar a la ofensiva. No podía permitir que me catalogase como un amigo. Eso jamás. Antes prefería no volver a verla. Contraviniendo mis instintos, me senté en la mesa y empecé a esbozar, dulcemente, mi malévola ironía sarcástica sin piedad.
- Anda que tu lenguaje corporal no denota ganas de destrozar las cortinas, como un cachorro con ganas de jugar. Es lógico, eres una potrilla vital. Relincha a gusto, no debes desanimarte porque estén confeccionadas con tejido irrompible, como el abrigo que llevabas el miércoles. ¿Venías de una inspección aeroespacial? Te hincha un poco pero... ¡estabas tan graciosa! Coincidimos en el gusto por las nuevas manifestaciones artísticas de las diversas conceptualizaciones estéticas. Me ha encantado el cuadro figurativo del bidet de tu casa. Pega con todo y los trozos de papel higiénico apelmazados y manchados no lo parecen. ¿Furor fantástico? ¿Éxtasis inventivo? ¿Para qué vas a pintar algo si puedes adosarlo? Soy un clásico soporífero: siento predilección por las mujeres preciosas de tu estilo, por las largas conversaciones, el aroma de la colonia de bebés y me gusta llegar en el momento justo con fuerzas sobradas.
Lo conseguí. Entreabrió la boca, le cambió la expresión, frunció en entrecejo y quiso averiguar qué le pasaba a su abrigo. Nos tomo veinte minutos el asunto. Por supuesto me crecí y fui mencionándole cualquier insignificancia de su atuendo susceptible de ser comentada. Luego pasamos al cuadro, regalo de su ex novio, y que representaba un estanque interior Zen. Seguí con la cómoda tapicería de lana de los sillones en verano, las prácticas sillas que no encajaban debajo de la mesa, las lámparas de lectura de su cama que no alumbraban y el cubo de basura de apenas diez litros de capacidad. Ya melosa y sonriente me pidió que le contase mi experiencia con los bebés. Le expliqué que no he experimentado nada parecido en la vida. Te despiertas por las mañanas como un colegial nervioso que se va de excursión y te reciben con el regalo de su sonrisa desde la cuna. A medida que crecen, pierden atractivo físico y cada vez te necesitan menos pero, para entonces, ya les has cogido tanto cariño que vives por y para ellas.
Ángela se sentía más confortable debatiendo con un despiadado crítico que ante un rústico embelesado y, a medida que me confiaba intimidades, iba sacando punta al lápiz suspirando por no resultar cargante.
No nos dimos ni cuenta y ya estaban cerrando el local, salimos a la fresca intemperie y la acompañé hasta su casa. Por el camino quiso saber si escribir era mi definitiva ambición y cómo me veía de aquí a diez años.
No me lo había planteado nunca.
Le dije que mi secreta aspiración pasaba por enamorarme antes de ese plazo y disponer de tiempo, dinero e ideas para mantener la pasión y poder escribir. No tuve que indagar sus ansias, saltaba a la vista que solo le inquietaba su faceta afectiva y que el anhelo de la maternidad ya se le había despertado.
Ella era un cuento encuadernado sin tapas y páginas de cristal transparente y yo un tomo abierto con todas las hojas encoladas, a excepción de dos caras.
Nos hemos despedido con dos besos sin más. No le habían chispeado las pupilas pero había hecho lo imposible por desconcertarla y, en algún momento, había rodeado el óvalo de su cara entre sus manos y se había mesado compulsivamente el pelo. Lo interpreto como una buena señal, soy así de optimista.
Por SANGABCN

Miércoles 18 de diciembre
14.12 Estoy empezando el primero de los dos libros que compré ayer sobre oceanografía. No me quedó más remedio si aspiraba a intervenir en el blog de Ángela. En sus disertaciones utiliza datos de otras muchas disciplinas científicas pero he pensado que era mejor centrarme en su especialidad. Si escribo lo haré de manera anónima. Solo faltaría que pensara que estoy perdidamente enamorado de ella, aunque así sea.
Ahora es el momento. Me encantan los e-mail. Nadie puede averiguar las horas que te ha tomado escribir uno para que pueda parecer improvisado y espontáneo.
e-mail
Para: Ángela
De: Juan
Hola Ángela,
Me divertí mucho el sábado, aunque mentiría si no reconociese que llegué a casa agotado por el esfuerzo intelectual que tu conversación me supuso. Nada que un transplante de cerebro no puedan corregir. Me deslumbró tu psique, físicos casi como el tuyo estoy aburrido de verlos en las revistas de moda y ya no me dicen nada.
Adjunto un par de capítulos más, sin ánimo alguno de meterte prisa. Si vuelven a aparecer las humedades en los bajos de la pared, avísame. Creo tener la solución definitiva.
Ayer tarde comprando regalos, vi una prenda, no sé por qué pensé en ti y la compré. Creo que ligará con tus zapatos de jugar a bolos.
Se me ha ocurrido que antes de que el domingo viajes a reunirte con tu madre y tu hermano en Altea, a lo mejor te gustaría cenar en casa de unos amigos el viernes por la noche. Estoy hablando de personas de verdad encantadoras, viajadas y con vivencias sugestivas; cada navidad me incluyen en el grupo como acto de buena voluntad.
Pero entiendo que no estés para nada ni nadie. ¿Hay algo más desagradable que bromear en buena compañía en estas emotivas fechas tan proclives al suicidio?
Afectuosamente.
Juan
16.52 Aquí está la respuesta.
e-mail
Para: Juan
De: Ángela
¿Qué zapatos de jugar a bolos? No entiendes nada. Tu chapuza no funcionó, la humedad ha vuelto a aparecer y ya he llamado a un especialista. Te lo agradezco pero el viernes celebramos la cena de navidad con los compañeros del centro y dudo que me apetezca salir el sábado.
Has ido demasiado lejos y nuestra amistad se puede enfriar como un glaciar.
Feliz navidad.
Ángela
Me enfrento a un iceberg a la deriva navegando, en una noche sin luna, a bordo de una chalupa. Me he quedado petrificado al leerlo. No he logrado descifrarlo pero intuyo que no ha sido buena idea la mención de los zapatos.
Me felicita las fiestas. ¿Ya me finiquita? ¿Por qué? No le voy a suplicar, no me parece serio.
Como no sé por donde tirar, voy a describir los eventos con todo detalle a Ellen en un e-mail.
Me empeño en entusiasmarme con una mujer que solo le ilusiona perderme de vista. ¿Qué beneficio me puede reportar?
23.45 Ya tengo la respuesta de Ellen. ¡Me felicita por el encuentro y el desarrollo de los hechos! Dice que he sabido leer entre líneas los consejos que me escribió y sopesar los tiempos. Insiste en que debo cerciorarme de que el regalo le gustará y dárselo antes de que se vaya de vacaciones a riesgo de que la amistad pueda irse al traste de veras. Añade que el no mencionarlo significa que esta intrigadísima por él. Me pide que la mantenga informada y me desea suerte.
¡Increíble! Dicen y escriben lo contrario de lo que hacen y piensan. Pero lo más inescrutable es que no ven nada irregular en esa contradicción. ¿Qué construcciones megalíticas? Las enigmáticas señales de Dios sobre la tierra son ellas. Si hasta Freud no pudo ir más allá de la pregunta ¿Qué quiere una mujer? El paso siguiente sería... ¿Necesita una mujer saber lo que quiere?
Estoy seguro que la gruesa y ancha chaqueta de punto de lana a diminutas rayas multicolores le va a gustar; me dedico a fijarme en estas cosas. Cualquier chica se levanta, vivaz como el arco iris, una soleada mañana de invierno y rebusca en el fondo de su armario algo así para conjuntar con unos vaqueros.
Por SANGABCN
Jueves 19 de diciembre
15.35 Vamos allá campeón. Soy un hombre ocupado y no voy a perder más tiempo. Debe existir una docena larga de mujeres, en este mismo continente, que delinquirían por cenar conmigo. Ya está bien de cursiladas.
e-mail
Para: Ángela
De: Juan
Hola preciosa,
A última hora de la tarde voy a estar por el centro y me hacía ilusión darte la tontería que te compré, antes de que te vayas. Pensarás que soy un sentimental.
Si te parece te llamo sobre las ocho, paso por tu casa, bajas un momento y así me olvido de importunarte más.
Cordialmente.
Juan
PD. Aunque dudo que te guste, adjunto un texto del Dhammpada que me conmovía cuando era una persona vacía y superficial.
LA MIRADA INTERIOR
No existe fuego como la avaricia,
Ni hay crimen como el odio,
Ni tristeza comparable a la separación.
No hay enfermedad como el hambre de corazón,
Ni gozo comparable al de la libertad.
La salud, la alegría y la fe
Son tus mayores posesiones,
Y tu libertad el más grande de los gozos.
Mira en tu interior.
Permanece en calma.
Libérate del miedo y del apego,
Saborea el dulce gozo de vivir en el camino.
16.40 Ya llegó.
e-mail
De. Ángela
Para: Juan
Hola chapuzas,
Asegúrate de que la prenda está estéticamente envuelta en un papel elegante y con un lazo, de lo contrario será rechazada.
Estaré en casa sobre esa hora.
Un beso
¡Ellen tenía razón! Y Ángela también. ¿Cómo se puede escribir sobre mujeres sin una al lado? Bajaré a la tienda de la esquina a pedir un lazo. ¿Le gustará?
Por SANGABCN

Viernes 20 de diciembre
14.45 La chaqueta le encantó, o al menos eso pareció. Estaba de buen humor, me ofreció una cerveza y le di un diagnóstico sobre las humedades de la pared que coincidía con el del especialista. La instalación del piso estaba casi concluida y una gran caja de cartón sin desembalar repleta de libros hacía de mesa de centro. Sonaba música de Alanis Morissette y el cuadro del bidet contemporáneo no estaba en el sitio donde lo colgué. Era influenciable. Cada vez me gustaba más. Rompí la fina pulsera que Hellen me regaló y la enterré en la maceta de la planta de detrás del televisor. No creo en esas cosas pero sentía la necesidad de hacer mía esa cima y no llevaba bandera.
- Yo también selecciono cada vez más mis salidas, me desconciertan las grandes reuniones y me he vuelto más suspicaz desde que tuve mi último desengaño. Invertí mucho sentimentalmente y el desgarro fue doloroso. Supongo que tu dolor será más cruel, tu separación es más reciente -le dije tratando de mostrarme comprensivo con sus confidencias de la noche anterior.
- Para nada me siento mal. Todo lo contrario he vuelto a nacer y a saborear la vida. Siento que lo estés pasando mal.
Malo. Con cada una rompen el molde. Ángela debió poner música y dedicarse a empaquetar sus pertenencias cantando en cuanto dejó al hombre con el que llevaba un lustro conviviendo. Y yo pensando en estereotipos, no aprendería nunca.
- No sufro, todo lo contrario. Me siento redimido de la farsa en la que me vi envuelto y ello constituye un gozo. Nada tengo que recriminarme, actué honestamente y, gracias a ello, mi conciencia me permite dormir profundamente. –dije, contradiciendo todo lo anterior.
- ¿Gozas sufriendo, mientes o cambias de opinión de forma súbita?
- Las tres cosas a la vez. La alegría renacida me hacía estar apenado por ella. Le mentí sobre esa circunstancia y no sé como debería sentirme ahora, que tengo la posibilidad de mirar de frente a una mujer sin subterfugios -había escuchado a mi amigo argentino Claudio una frase similar.
- ¡Que fantasma eres! -dijo mientras sonreía- Compadezco a las víctimas de tus artimañas. Conozco esas tretas y no te funcionarían conmigo. No me gusta que me den la razón acompasando el ritmo ni que me pisen los zapatos bailando.
Eso lo había descifrado: no lo estaba haciendo mal del todo y si seguía desbarajustando tendría alguna posibilidad de compartir su reencontrado contento. Necesitaba frases profundas, como surgidas de largas meditaciones existenciales, pronunciadas con misteriosa indiferencia.
- Solo procuro restar relevancia con cierta distancia y proporción a situaciones que resultan dramáticas para algunos. Dudo que pudiésemos bailar al mismo ritmo la melodía de vivir. Mi ánimo es lúdico y festivo pero los movimientos de mi danza son solemnes, respetuosos y mesurados. Seguramente me equivoco, pero tengo la impresión que prefieres no mezclar disciplina y esparcimiento y concentrarte en uno de ambos a la vez – manifesté.
- ¿Y que es exactamente lo que te ha dado esa impresión si no es mucho preguntar?
- El modo en que has ordenado tus libros en la librería poniendo los de ficción a un lado y los de no-ficción al otro y los CDs que faltan en tu colección. Sorber las lágrimas a carcajadas no es ni bueno ni malo, es distinto. Los estribillos más desgarradores de la más sensual canción apenas necesitan acordes pero sin ellos no apreciaríamos su intensidad. El mejor guión no alcanza el drama sin equilibrar el pesar y la capacidad para sobreponerse y, no llega al humor sin contrapesar la broma con la autocrítica. La más legendaria aventura enfrenta a un desvalido valiente y los cortos e ideales versos agotan.
- Además de criticar a escritores y otros artistas, ejerces de DJ, pones en duda mi soltura en la pista de baile y amagas con componer unos sonetos. Juan, háztelo mirar, me preocupas. -Aquí ya me temía lo peor, me había pasado vacilando pero cuando siguió me tranquilicé- Creo que me ha dado buen resultado huir de la confusión, son solamente cuatro las cosas claras con las que cuento en esta vida. Por un lado mi familia, mi trabajo y mis amigos que todos están muy bien gracias al cielo y, por el otro, las características que no deseo en mi pareja.
- Que extraño, en esto coincidimos de pleno -añadí como buen pelota que soy- y además voy a ser intransigente: no quiero informalidades, ni cargas familiares desequilibrantes, ni celos, ni medias verdades, ni apatía, ni malos humores ni consentiré la falta de educación. Esta vez solo busco un compromiso adulto y honesto, alegría, sincero afecto y un hogar. Un cálido ambiente familiar -aposté jugando un farol con una pareja de sietes.
- El compromiso es tan fácil de romper cuando lo único que compartes son unas paredes. La ternura mutua requiere lealtad y funda el hogar, la simple colaboración se contenta con habitar una casa. Pero no me estires de la lengua que me iría en busca del tiempo perdido. Es pronto, ¿por qué no vamos a tomar una tapa a aquella tasca?
Me sentí tan feliz, había podido llegar hasta vislumbrar su corazoncito y era tan buena, un montoncito de cristales de sal y azúcar. Se puso la chaqueta que le había regalado con los vaqueros, la camiseta y el suéter que llevaba y bajamos abajo. Era impaciente como mi hija Lucía que llegó a estrenar tres conjuntos en un mismo día. Ellas son así de dulzonas y saladas.
Por SANGABCN

La siguiente hora intercalé los roles de comprensivo amigo en los pesares, compañero en futuras aventuras, inflexible fiscal ante los titubeos desventajosos (para mí), inapetente observador y galán discreto. Fue como si la actuación no fuera tal y los papeles los hubiera escrito yo mismo.
Como era de esperar, en un momento de la conversación, mencionó que dos buitres la acechaban y su ex, que todavía no se lo creía, revoloteaba como un cóndor.
Indefensa, imaginé que un bulldog lento y acalorado la custodiaba.
Me puse en su piel y expliqué (tal y como había soñado) como me cercaban dos mujeres y estaba extenuado de darles largas de la forma menos hiriente.
El mensaje subliminal anunciaba que, como Bogart en Casablanca, estaba dispuesto a renunciar a todo, incluso a mi felicidad (que era la suya), por el bien común. Mi masculinidad me lo permitía. Por otra parte mi discurso era hermafrodita, como el de quién desciende por la ladera del Nirvana; y mi consuelo, el propio de la íntima amiga que nunca tuvo.
Engatusar a una persona para estafarle o, incluso, despertar su deseo puede resultar sencillo. Despistarla hasta embelesarla, con un porte como el mío, es complicadísimo.
Una disciplina de metodología científica. Nada de artes ni trucos de ilusionista. Son necesarias décadas soñando despierto, observando a los cuentistas y centenares de libros, películas y canciones para adquirir la capacidad de corregir, sobre la marcha, cualquier disparate que acabes de pronunciar.
Conocerse a uno mismo es lo de menos, ¿a quién le importa?
Lo útil es concentrarse en ella: memorizar lo externo y escudriñar lo que pulsa por salir, a qué reaccionan las palabras que no pronuncia y los gestos que insinúa. Esta capacidad de jugar con el destino, de decidir por él, nos enorgullece más a quienes no anunciamos yogures desnatados.
A las diez noté cierto coqueteo en su pose y casi me desmayo literalmente. Me mareé y pedí un café, vacilaba entre insinuarme levemente arriesgándome a echarlo todo a perder o no hacerlo y que pensase que era lelo.
Finalmente, recordando trenes que dejé escapar, puse mi mano en su antebrazo y al deslizarla hasta su mano... ¡la retiró con una sonrisa! ¡Lo había malogrado! Era un perdedor e irremisiblemente estaba condenado a no conseguirlo. Había hecho el ridículo una vez más y, posiblemente, perdido toda posibilidad. Me sonrojé, sonreí y le pregunté si quería tomar algo más. Me contestó que sí y fui hacia la barra. Respiré hondo, pedí más chipirones fritos y cerveza, y me juré no arrugarme y salir con la cabeza alta aún sin conseguir el objetivo.
Me concentré en el recibo del alquiler.
- Tienes que venir el sábado a cenar -continué-, me gustaría saber tu opinión sobre una relamida chica, muy guapa pero un poco resabiada, con la que nos iremos por fin de año a casa de un amigo. Te voy a ser sincero, a mí me convienen las chicas más normales, más de tu estilo, aunque sin tanta sofisticación. Es una lástima que seamos polos opuestos porque he estado toda mi vida preparándome para hacer feliz a una mujer que se te parezca; en términos generales, claro. Pero mira, tampoco hay que amargarse, solo se vive una vez y las cosas ocurren en una o ninguna ocasión.
Se tronchó de risa durante un instante y quiso saber a qué tipo de refinamiento me refería.
- Perdona, no pretendía incomodarte. Admiro tu capacidad para resolver ecuaciones, ahí me gustaría llegar. Pero soy incapaz de proporcionar incógnitas sugerentes a una mente como la tuya. Lo desesperante de un tipo como yo es la simplicidad, todo cuadra a la primera. El tedio hastía. Me empeño en ofrecer livianos alivios a un mundo cargado de graves problemas. Son recetas caducas, remedios caseros que, con suerte, prenden una chispa y consolidan un hogar. No sé por qué te cuento esto ¿De qué estábamos hablando?
- De mi sofisticación -repitió.
- Tampoco quiero adularte más. Pensarás que intento flirtear con mis supervisoras y no lo he hecho nunca. Dios me concedió unas capacidades muy limitadas, aunque le doy gracias cada día. Entre ellas la de fijarme, y lo hago. Todos somos diferentes y trato de valorar a las personas por ello, evitando juzgarlas. Pero tengo predilección por observar a las que sois distintas. Es natural, soy un hombre y, observar educadamente es gratis. Pero solo tú debes decidir por quién merece la pena ser analicizada. Nada más faltaría.
Ya no albergaba esperanza alguna. Estaba derrotado y seguí hablando por hablar.
De repente, se sonrió, me dio la mano y entornó los párpados de sus brillantes ojos. Ya no la solté. Pagué la cuenta, salimos y en la primera inhóspita esquina, busqué su boca y la besé.
Mi médula casi se funde por los voltios que la atravesaron y mi corazón bombeó sangre aceleradamente. Tras varias docenas de besos, llegamos a su portal.
Yo ya me hubiera dado por satisfecho, tal era el hechizo, pero me invitó a subir y creí cruzar el umbral de la gloria.
Por SANGABCN

Al entrar, dejó el piso en la penumbra encendiendo la luz de la otra habitación y entornando la puerta. Puso un CD de música chill out y estuvimos en la oscuridad del salón besándonos hasta que las prendas fueron cayendo al suelo de paseo hacia su habitación y nos acurrucamos bajo el edredón de la cama. No podré olvidar el primer abrazo, nos estrujamos en silencio durante minutos acariciándonos la cara y el pelo. Fantaseaba con que éramos dos gotas de agua separadas por una fina capa de hielo. Teníamos afectuosos mimos que brindarnos y los pies fríos.
Es tan cosita, cierra los ojos cuando me besa, me echa el pelo en la cara para hacerme cosquillas y ríe sin cesar.
Sé que resulta imposible evaluar cuando correspondí más y mejor, pero a veces el Altísimo te echa una mano y no permite que se echen a perder estos momentos. Ésta fue una ocasión de esas.
Creo que hasta ese instante no me había planteado que podía haber estado malversando mi existencia.
Escuché tañer las campanas; olí el perfumado aliento de la vida; sentí el sabor de la lluvia en el bosque y en el mar. Imágenes de ríos desenfrenados y olas oceánicas arremetiendo contra la playa me desbordaron. Todo tipo de vistas se sucedieron... hasta que su abrazo las detuvo...
Me levanté a poner de nuevo el CD y entreabrí un poco más la puerta para verla mejor y, antes de que la música acabase, se durmió abrazada a mi pecho.
Yo apenas pude hacerlo, no recordaba como duermen los ángeles. Me levanté temprano, dejé el café y todo lo que encontré listo para prepararse y puse el CD Le Grand Bleu de Eric Serra a un volumen suave. ¡Amaneció de buen humor! Me hubiese casado allí mismo con ella.
Teníamos tiempo y no lo desperdiciamos, yo no pensaba ducharme, quería retener su fragancia, pero me invitó a enjabonarle el pelo.
Ángela no baja las persianas para dormir y la primera claridad diurna nos ha alcanzado mientras inspeccionaba su indumentaria entre risas.
Hemos alargado el desayuno en la mesa del salón mientras ella detallaba todas las prendas que le faltan a su armario y no le importaría que le regalasen.
En la calle le he dicho que la quería, que a los poetas nos estaba prohibido dejar de expresar los buenos sentimientos y que ello no la obligaba a nada salvo a escucharme.
Me ha tapado la boca con un dedo, me ha besado y se ha alejado en moto enfundada en su anorak estilo NASA.
Yo me he puesto a buscar una floristería, la he encontrado, he comprado cuatro rosas rojas -no quería apabullarla-, le he escrito un escueto “Nothing compares to you. Gracias por existir” con mi firma y la he entregado a su atención en la recepción del centro donde trabaja y cuya dirección ya conocía.
por Sangabcn
He silbado traduciendo casi un capítulo toda la jornada, con un oído en el móvil, sin apenas pulsar el icono de enviar y recibir de mi Outlook más de unas cincuenta veces.
15.23 No lo voy a negar, estaba a punto de llamar a mi psiquiatra para pedir hora.
e-mail
Para: Juan
De: Ángela
Hola Don Juan,
Mil gracias por las flores, las cuatro me han encantado. He tenido que inventar una excusa ante mis compañeros, que no han creído, pero sigues por encima del cinco. Lo siento pero apenas he dispuesto de tiempo para llamarte y he preferido reflexionar mis palabras y escribirlas para que no te creas que me has impresionado. Idealmente podrías esforzarte más, estoy convencida. Sería capaz de aconsejarte para conseguirlo y entonces, tal vez, te daría una oportunidad.
Esta noche ceno con los del trabajo, puedes llamarme luego: ni muy pronto ni demasiado tarde.
Un beso.
¡Euréka! Es adorable. Compartimos una misma pasión, la nuestra. Es asimismo preciosa, tierna y amorosa. No hay que hacer ni caso de lo que dice o escribe, incluso a veces se debe interpretar todo al revés, es igual de complicadita que otras, pero Ángela es ya mi estrella polar.
Dudo entre llamarla ahora, a las seis o a las ocho. ¿No podía haberse ahorrado el jeroglífico? ¿Le escribo desoyendo sus órdenes?
15.55 Apenas he tenido tiempo de improvisar nada. Me voy corriendo a la escuela.
e-mail
Para: Ángela
De: Juan
Hola Ángel bondadoso,
No creo estar preparado para subir nota. Los exámenes no están a mi alcance. Tampoco te creas que me has obnibulado más que el típico resplandor de una explosión de cualquier vulgar supernova; he soñado centenares de veces en esas imágenes. Tengo que confesarte que he estado todo el día reprimiendo mis ansias de llamarte. Sé que andas liada pero a mí me gusta llamar siempre al día siguiente a la chica con quién he hecho el amor la noche anterior. Eso excluye a casi todas las escasas mujeres con las que me he acostado. Llámame ridículo pero soy así de sensiblero y me gusta repetirlo de manera monótona día tras día. Entiendo que este defecto te pueda molestar y creo que te llamaré a las ocho para no parecer pesado.
Besos variados.
Juan
PD1. Adjunto un texto del Dhammpada que me subyugaba cuando era tan idiota como para enamorarme de una mujer especialmente valiosa.
EL QUE HA DESPERTADO
Que gozo mantener amistad con el sabio y poder contemplar al que ha despertado.
Sigue, pues, a los excelentes:
Al sabio, al despierto y al bondadoso,
Porque ellos saben lo que hay que cultivar
Y lo que no.
Pero si no puedes encontrar al amigo o al maestro que pueda acompañarte, Haz el camino tú solo; solo, como el rey que ha regalado su reino como el elefante que habita en el bosque.
Y si tú, viajero, encuentras
sabia y virtuosa compañía,
acompáñate con gozo,
Y venced unidos, los peligros del camino.
Sigue a los excelentes,
Como la luna sigue el sendero de las estrellas.
PD2. Seguro que coincidiremos en los interrogantes: ¿A cuánto facturan la hora los guías excelentes? ¿Despiertan de buen humor?
sangabcn
